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El estrés es un proceso natural mediante el cual el organismo responde y se adapta a distintos desafíos. Al contrario de lo que se cree, estas reacciones son positivas y se producen para evitar peligros o actuar en momentos límites. Sin embargo, puede volverse perjudicial cuando aparece de forma muy intensa o sostenida a lo largo del tiempo.  

De acuerdo a especialistas de la Sociedad Interamericana de Cardiología, quienes viven bajo un alto nivel de estrés tienen más probabilidades de padecer una enfermedad cardíaca, en especial si se trata de mujeres. Esto se debe a una razón biológica, ya que el cerebro femenino es más sensible a la corticotropina (una hormona producida en momentos de ansiedad) y, por lo tanto, le cuesta más controlar el estrés. 

El estrés puede generar distintas clases de síntomas:

Físicos: tensión y dolores musculares, manos frías o sudorosas, insomnio, cansancio, dolores de cabeza y problemas estomacales.

Emocionales: depresión, ansiedad, irritabilidad, miedo, excesivo temor al fracaso, dificultad para concentrarse e incremento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas.

Además, el estrés constante puede tensionar al corazón ya que produce un incremento en los valores de colesterol y triglicéridos en la sangre. Esto aumenta la presión arterial y hace que el órgano cardíaco palpite fuera de ritmo. Con el tiempo, el estrés crónico puede provocar crisis nerviosas e incluso ataques cardíacos. 

La mejor forma de manejar el estrés es llevar una alimentación equilibrada, realizar ejercicio de forma periódica, descansar bien y, sobre todo, reconocer y aceptar las cosas que no se pueden cambiar, intentando desarrollar una actitud positiva frente a los desafíos para aprender a relajarse y  lograr una mejor calidad de vida.