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Cuando se trata de nutrición, no existen las fórmulas mágicas. De hecho, la mayoría de los expertos destacan que para cuidar la salud cardiovascular es tan importante “lo que se hace bien”, como “lo que se deja de hacer mal”. Esto quiere decir que, si queremos llevar una vida más sana, no solo debemos incorporar a nuestra dieta alimentos saludables como frutas y verduras, cereales integrales, legumbres y proteínas magras, sino que es fundamental reducir la ingesta de productos ultraprocesados con exceso de azúcares, sodio y grasas saturadas. 

Una dieta equilibrada no solo ayudará a cuidar la salud cardíaca, sino que contribuirá a reforzar el sistema inmunitario. Dada la complejidad del sistema inmunológico, un aporte excesivo de energía podría afectar su capacidad de combatir las infecciones. De hecho, la obesidad está ligada a una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. Pero además, las personas con sobrepeso tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas coronarias, que a su vez se relacionan con alteraciones de la función inmunológica. 

Una dieta saludable debería incluir:

Ácidos grasos como los Omega 3 y 6: esenciales para la salud del organismo, ya que resultan potentes protectores de la salud cardiovascular. Alimentos como las semillas de chía, linaza y amapola, los pescados como la caballa, la merluza y el lenguado, y frutos secos como las nueces y las almendras son grandes proveedores de grasas saludables. 

Vitaminas hidrosolubles (vitamina B, ácido fólico, B12 y vitamina C): podemos encontrarlas en legumbres como garbanzos, porotos y soja o en cítricos como naranjas, kiwis, limones y mandarinas. Estas vitaminas regulan la respuesta inmunitaria del organismo frente a posibles ataques externos. 

Vitaminas liposolubles (A, D y E): están presentes en vegetales como zanahorias, calabazas, tomates y verduras de hojas verdes; lácteos y huevos, y también desempeñan un papel importante para el sistema inmunitario ya que estimulan la producción de células indispensables para el correcto funcionamiento del sistema inmune.

Minerales como el hierro, el cobre, el selenio y el zinc: que podemos incorporar a través de mariscos, hongos, frutos secos y frutas deshidratadas. Estos nutrientes tienen un impacto directo en la proliferación de diferentes tipos de anticuerpos y junto a las vitaminas liposolubles e hidrosolubles potencian un adecuado desarrollo y mantenimiento del sistema inmunitario.

Sumando estos alimentos a nuestra dieta e incorporando otros hábitos saludables como: buena hidratación, descanso de 8 horas diarias, actividad física regular y el control de un peso saludable lograremos mantener nuestra salud cardíaca e inmune en excelente estado.