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La etapa de aislamiento social obligatorio que impone la prevención del COVID-19 puede afectar de forma notoria los hábitos de alimentación y ejercicio ocasionando un deterioro en la sensación de bienestar y contribuyendo a empeorar el estado de salud. Por eso es importante que durante este tiempo de confinamiento, las personas planifiquen sus comidas y adopten rutinas de actividad física dentro del hogar.

Permanecer tanto tiempo encerrado puede favorecer el sedentarismo por la imposibilidad de seguir con las rutinas de ejercicios que se solían practicar en gimnasios, clubes o parques. Sin embargo existen alternativas como realizar clases a distancia a través de las redes sociales o ver videos de rutinas de entrenamiento de alta intensidad, aeróbics, zumba, pilates o yoga en Youtube.

Solo basta con disponer de un espacio de 2m2 para mantenerse en movimiento. Es importante realizar al menos 30 minutos al día de actividad física para prevenir el aumento de peso o la pérdida de masa muscular. Además, el ejercicio contribuye a disminuir los niveles de estrés y favorece el sistema inmunológico.

En cuanto a la alimentación, es inevitable que la ansiedad o el aburrimiento conduzcan a comer de más. Por eso es fundamental que, a la hora de ir al supermercado, se opte por alimentos saludables como verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutos secos, carnes magras, pescados, huevos y lácteos.

Por otro lado, es conveniente evitar el consumo de snacks o tentempiés calóricos, como galletitas, papas fritas, embutidos o golosinas. Frente a esto, los especialistas recomiendan variantes saludables a base de vegetales al horno, tostadas integrales con guacamole o hummus de garbanzos, yogures descremados con granola y frutas.