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Como cada año, entre el 1 y el 7 de agosto se celebra la Semana de la Lactancia Materna. Esta iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca concientizar a la población acerca de la importancia para la salud, tanto del bebé como de la madre, de mantener los períodos de lactancia hasta los 24 meses, con 6 meses de lactancia exclusiva y la introducción progresiva de alimentos sólidos hasta los 2 años de edad. Además de su influencia en el correcto desarrollo físico y cognitivo de los niños, los nutrientes presentes en la leche materna resultan fundamentales para su salud cardiovascular.

Investigaciones de la OMS afirman que quienes recibieron lactancia materna en edades tempranas tienden a tener una tensión arterial más baja y menores tasas de sobrepeso, obesidad, diabetes de tipo 2 y colesterol en sus vidas adultas.

En cuanto a las madres, diversos estudios demuestran que dar el pecho brinda importantes beneficios a largo plazo para la salud de sus órganos cardíacos. Esto se debe a que la producción de leche materna es un proceso metabólico que requiere un gasto de entre 200 y 500 calorías diarias, lo que permite movilizar los depósitos de grasa y glucosa acumulados durante el embarazo.

Además, a través de este proceso metabólico, disminuye el riesgo de la madre de padecer diabetes y    aumentan sus niveles de colesterol bueno (HDL).

De hecho, un estudio llevado a cabo por el departamento de obstetricia, ginecología y ciencias reproductivas del Centro de Investigación sobre Salud, en la Universidad de Pittsburgh, en los Estados Unidos, demostró que las mujeres que alargaron el período de lactancia durante más de un año tuvieron un 9% menos de probabilidades de sufrir un infarto, una embolia o de desarrollar una enfermedad coronaria que aquellas que nunca habían amamantado.